Justo hace un año el Mercado de Abastos de Zamora cerraba sus puertas para preparar el traslado a la instalación provisional actual en el Parque de La Marina y comenzar con las obras de remodelación del edificio histórico proyectado por el arquitecto benaventano Segundo Viloria en 1904. Basta un paseo por la zona para comprobar que las obras avanzan a buen ritmo y que los restos arqueológicos de la antigua iglesia de San Salvador de la Vid -en cuyo solar se levantó el Mercado- se encuentran donde se esperaba. La impresionante armadura original de hierro ha sido liberada de añadidos en las dos plantas sacando a la luz un puñado de rótulos comerciales antiguos en la planta inferior.


El patrimonio gráfico de los mercados ha sido tradicionalmente despreciado y destruido en las reformas de este tipo de centros neurálgicos del comercio local. No ha sido el caso en el de Zamora. En julio de 2024 el Ayuntamiento retiró todos los rótulos visibles del Mercado para su conservación, atendiendo así la petición del proyecto «Zamora Patrimonio Gráfico» de la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico. Los nuevos rótulos encontrados ahora en el sótano del Mercado han sido documentados gráficamente ante la imposibilidad de su conservación por estar realizados directamente sobre la estructura.
«La flor de Vigo», «Romero» y otros del sótano del Mercado
El sótano del Mercado siempre fue el «patito feo» del edificio: poca altura y poca ventilación. Y es que, en realidad, el espacio había sido contemplado por Viloria como almacén, si bien la necesidad de rentabilizar la nueva infraestructura hizo que se instalaran también puestos de venta: «se proyectaron 36 pequeños puestos o almacenes, dos filas de 10 adosadas a las paredes laterales y cuatro grupos aislados de cuatro puestos cada uno en el espacio sobrante», describe Álvaro Ávila de la Torre en su artículo «La arquitectura del hierro en Zamora. La construcción del Mercado de Abastos». El propio arquitecto acabó diseñando los puestos de venta del sótano: «las paredes laterales son de panderete de ladrillo y el frente se hace con zócalos de pizarra colocada de canto, cerrándose el resto con reja clavada en armazones de madera; cada puesto cuenta con dos puertas para una posible subdivisión posterior», recoge Ávila de la Torre.

En reformas posteriores se añadió un falso techo que acrecentó la falta de altura y que cubrió el original realizado con bóveda catalana de ladrillo. En el proyecto de remodelación los arquitectos Porfirio Domínguez y Fernando Girón apuntan que las intervenciones posteriores en los puestos del sótano se hicieron de manera individual ocasionando «una dispersión en la configuración global» y ocultando tras los puestos la estructura metálica original del edificio.
Los rótulos encontrados durante las obras del sótano podrían haber quedado ocultos tras la reforma que en 1954 realizó el arquitecto Enrique Crespo, cuando se reconfiguraron los puestos de venta y se cubrió el armazón metálico. Las inscripciones, visibles en la colección fotográfica mostrada a continuación, están realizadas de forma artesanal directamente sobre el armazón de hierro y se han podido documentar únicamente los correspondientes a siete puestos de venta: dos puestos de venta de pescado de la familia Clavo con el lema «La flor de Vigo», el correspondiente a Despojos «Romero», dos puestos de venta de casquería (uno de ellos identificado con el número 18 y otro con tipografía sombreada), un puesto de venta de escabeches y salazones y una salchichería-carnicería cuyo rótulo acompañaba el dibujo de un cerdo con aspecto triste.
Estos rótulos, junto a los que se rescataron en julio de 2024, forman parte de la historia del Mercado, son parte de la identidad del edificio pero también memoria de quienes -vendedores y compradores- lo habitaron.
Pescaderías Clavo, «La flor de Vigo»
Despojos «Romero»
Casquería, nº 18
Casquería
Escabeches y salazones
Salchichería-Carnicería
Vídeo
Imágenes tomadas en marzo de 2025.























