La «nueva ola» de artistas zamoranos y el desaparecido Bar La Reja

El palillero con forma de barril, la lata de escabeche entreabierta, el servilletero con publicidad de Soberano y un pequeño ejército de vasos Duralex y copas de coñac en perfecto estado de revista. Hasta ahí todo en orden. Nada diferente de lo que la clientela podría encontrar en cualquier otro bar de 1960.

Fue, seguramente, su clientela la que hizo a «La Reja», en la calle San Andrés de Zamora, un lugar extraordinario. Uno de esos puntos espacio-temporales a los que nos gustaría asomarnos a muchos de los que no lo conocimos en su momento. Un puñado de metros cuadrados donde salvar los días más grises, una taberna en la que apostarse en su barra, paladear un tinto de Toro y adentrarse en los mundos oníricos de sus muros.

Luis Quico, Alberto de la Torre Cavero, Antonio Pedrero, Jerónimo Hernández, Adolfo Bobo, Jesús Hilario Tundidor, Tomás Crespo Rivera, Alfonso Bartolomé, Ramón Abrantes… son algunos integrantes de la genial generación de artistas que dio Zamora en la primera mitad del siglo XX y son los culpables del -en sus propias palabras- «barullo» del Bar «La Reja», regentado por Agustín de la Viuda (alias «el rejo») y su hermano Luis.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: fotografías de Antonio Pedrero, Jerónimo Hernández, Luis Quico y Torre Cavero publicadas en la Revista Merlú en 1960

Fue cosa de una noche de 1960: «A Adolfo Bobo y al dueño del bar se les ocurrió que podíamos ayudar en la decoración del local. Teníamos una noche para hacer lo que quisiéramos. El dueño, a cambio, nos pagaría los materiales y nos invitaría a una cena en La Golondrina«, rememora el pintor Antonio Pedrero. Alberto de la Torre, Jerónimo Hernández, Luis Quico y el propio Antonio Pedrero se echaron a suertes las paredes del bar y se pusieron manos a la obra. Con total libertad dieron rienda suelta a su creatividad durante toda la noche: «el único que consiguió finalizar su parte en el plazo acordado fui yo, el resto tuvo que volver«, apunta Pedrero, a la vez que tilda la aventura de fiesta pictórica: «lo pasamos muy bien, como tiene que ser… El arte es un juego maravilloso«.

El mural de Antonio Pedrero, titulado «Vendimia ibérica», tenía unas dimensiones aproximadas de 3 metros de ancho por 1,4 de alto. «Era muy espontáneo, gestual y surrealista», recuerda su autor.

Mural de Antonio Pedrero «La Vendimia» en el desaparecido Bar «La Reja» (1960). Fotografía cedida por Antonio Pedrero. Click para ampliar

El pintor Jerónimo Hernández realizó el mural «Músicos», con dimensiones aproximadas de 3,5 metros de ancho por 1,4 de alto.

Mural de Jerónimo Hernández «Músicos» en el desaparecido Bar «La Reja» (1960). Fotografía cedida por Antonio Pedrero. Click para ampliar

Por su parte, Luis Quico se encargó de buena parte de la pared tras la barra. Su mural, de dimensiones aproximadas de 2,5 metros de ancho por 1,4 de alto, recogía una escena campestre.

Mural de Luis Quico en el desaparecido Bar «La Reja» (1960). Fotografía cedida por Antonio Pedrero. Click para ampliar

Alberto de la Torre Cavero eligió para su mural, de dimensiones aproximadas de 1 metro de ancho por 1,4 de alto, una composición alegórica protagonizada por un arlequín, motivo presente en otras obras suyas. Junto a la obra de Torre Cavero lucía un relieve con una estocada taurina, obra del escultor Tomás Crespo Rivera.

Recorte de la fotografía anterior donde se ve parte del relieve de Tomás Crespo y la pintura de Alberto de la Torre Cavero

La ventana de la fachada quedó protegida por una reja artística elaborada, al alimón, por Alfonso Bartolomé y Pedrero. Junto a la puerta de salida del local una inscripción daba buena cuenta de lo ocurrido aquella noche:

En este año de 1960 se empezó y terminó este «barullo», siendo los culpables: A. Pedrero (Colondro); Jerónimo Hernández; A. Torre Cavero; T. Crespo Rivera; Luis Quico; Adolfo Bobo; Alfonso Bartolomé.

Testigos: H. Higuera; M. Meléndez Vega; Lorenzo Prieto «Chiquilín»; Pedro Conde; José Santos; Gregorio Vaquero; Fernando Domínguez Jambrina «El Porro» y «El Pipe».

Fotografía de la fachada del local en 1969. Fuente: A.H.P.Za. – Fototeca «Benito Pellitero»
Fotografía de la fachada del local poco tiempo antes de su demolición, a mediados de los 90. Fotografía cedida por Javier García Palacios
Aspecto actual de la ubicación del desaparecido Bar «La Reja». Fotografía tomada en septiembre 2021

Los frescos de aquella «pequeña Capilla Sixtina» -como se referiría años después el propietario, Agustín de la Viuda, en un homenaje a Luis Quico- despertaron pronto la curiosidad de los zamoranos. Lamentablemente, los últimos inquilinos del pequeño local blanquearon sus paredes y, a mediados de los 90, el inmueble fue derribado por completo. «Nadie pensó en la posteridad, lo hicimos como una cuestión de buenos amigos«, rememora con cariño Antonio Pedrero.

Recorte de la entrevista publicada en El Correo de Zamora el 25 de enero de 1961

Del sueño de aquella noche de invierno de 1960 queda una entrevista al propietario en El Correo de Zamora, tres fotografías en blanco y negro rescatadas por Pedrero de su archivo para ilustrar esta entrada y cientos de recuerdos en la memoria de quienes hicieron del arte un juego de amigos, una verdadera celebración.

Javier García Martín

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